domingo, 8 de marzo de 2009

Plaza Bolívar VS Parque 93

Plaza de Bolívar:
  1. Popular (acceso más público).
  2. Rodeada por poder político y religioso.
  3. Punto histórico por excelencia del país.
  4. Es reconocido por las actividades que se realizan en la plaza en sí, como alimentar palomas o presenciar eventos públicos, mas no por actividades que se pueden realizar en los lugares aledaños.
  5. No insinúa algún código de vestimenta o comportamiento que deban seguir las personas que la transitan.
  6. El paisaje (dentro de la línea de visibilidad) es mucho más amplio debido a la extensión de su terreno y al hecho de no poseer elementos dentro de ella que interfieran con la visión, como árboles.
  7. Se perciben sonidos más unificados que corresponden a personas que conversan, anuncian productos o buscan llamar la atención de un público, o a las palomas. El ruido producido por vehículos automotores es mínimo debido a que la plaza es atravesada por muy pocos.
  8. La mayoría de los eventos que presencia se llevan a cabo durante el día.
  9. Dentro de la plaza se evidencia un alto nivel de comercio informal (vendedores ambulantes, vendedores de maíz para las palomas, etc.).

Parque 93:
  1. Un poco más privado.
  2. Rodeado por poder económico.
  3. Es reconocido por las actividades que se realizan en los lugares aledaños más que por las actividades que se realizan en el parque en sí.
  4. Insinúa un código de vestimenta y comportamiento que deben seguir quienes lo transitan para no verse o sentirse fuera de lugar.
  5. El paisaje está un poco limitado por las edificaciones aledañas, la extensión del parque y los árboles dentro del mismo.
  6. Hay diversidad de sonidos, ya que el parque y los locales aledaños (donde cada uno busca imponer un ambiente particular) están separados por calles medianamente transitadas por vehículos particulares.
  7. Los lugares aledaños, al igual que el parque en sí, atraen al público durante casi todo el día, a excepción de altas horas de la madrugada.
  8. El nivel de comercio informal es mínimo dentro del parque.

Semejanzas:
  1. Ambos lugares generan sensación de vigilancia y seguridad ya que, por una parte, la plaza está rodeada por edificaciones correspondientes a instituciones políticas con agentes de policía por las calles y, por otra, el parque no sólo está lleno de policías también, sino que la mirada o la sola presencia de las personas dentro de los locales puede resultar para quien transita por fuera en una sensación de escrutinio constante.
  2. Ambos se prestan para actividades lúdicas, encuentros o actividades para personas de diferentes edades.

Entrevista: Chucho+César

Personas Entrevistadas: Chucho y César Céspedes
Edades: 24 y 27 años respectivamente
Lugar de Trabajo: Fire Dranken, Centro Comercial Minicentro, Local 204


El local de César, ubicado en el segundo piso de un pequeño centro comercial sobre la Carrera 13 a la altura de la calle 60, consistía en un pequeño cubículo de aproximadamente 2x1 metros, con espacio suficiente para dos butacas donde se ubican en uno César o Chucho para tatuar o perforar y en el otro el cliente. La primera impresión de la visita fue de descuido, especialmente porque tras llegar, Chucho se dispuso a lavar varias joyas para perforación en una bandejita metálica de mal aspecto con jabón desinfectante que luego llevó a un baño para terminar de lavar (seguramente con agua de llave, pues no llevó consigo algún frasco de agua destilada, que hubiera resultado más higiénico).

Durante su ausencia, aprovechamos para romper un poco el hielo con César, quien en principio se encontraba un tanto serio y respondía a las preguntas de manera muy concreta. Nos alcanzó unas revistas donde había publicaciones sobre todo tipo de modificaciones corporales, desde tatuajes y piercings hasta implantes y branding.

Aprovechando las revistas en nuestras manos, comenzamos a analizar el local que en aquel momento César organizaba. En frente estaba ubicada una vitrina con vidrios que separaba el pasillo del centro comercial del interior del local, donde tenían exhibidos anillos, encendedores, cuchillos y algunas joyas para perforaciones dispuestas en estructuras de lámina de acrílico transparente. En el fondo, había repisas con espejos donde César ubicaba sus revistas de tatuajes, sus diplomas y sus implementos de trabajo en pequeñas gavetas. A los lados tenían dispuestos collares de diferentes colores y materiales y otras joyas más, estas disponibles al tacto en pequeñas repisas de acrílico, a diferencia de las exhibidas en la vitrina frontal (encerradas).


Mientras tanto, César nos contaba cómo había sido su trayecto como tatuador, comenzando con un buen aprendizaje en España y Argentina, continuando con muy malas experiencias con aquellos a quienes había decidido apadrinar y enseñar (que, siguiendo su testimonio, había olvidado sus raíces y habían resultado ser ingratos en el momento en que confesaban ser autodidactas y no aprendices suyos), a excepción del famoso tatuador de Miami Ink, Chris Nuñez, y finalizando con su reciente establecimiento (de tan sólo 15 días) en aquel local, tras decidir mudarse a Colombia junto con su esposa para que su hijo naciese aquí, así como sus constantes conflictos con la Asociación Nacional de Tatuadores por motivos normativos y de carencias en cuanto a técnicas y muestras durante las convenciones realizadas por esta organización.

Algo que tal vez resultó muy evidente en ambos individuos fue cierto nivel de descuido, no sólo por su trabajo sino también por su cuidado personal. Por una parte, César llevó a cabo un procedimiento de re-apertura de una perforación en el labio de una joven sin usar guantes, sin haber desinfectado la joya o sin siquiera haberse lavado las manos previamente, a sabiendas que había estado manipulando toda clase de objetos dentro del local, desde anillos, collares, navajas y el dinero con que le había pagado una argolla que decidí adquirir para mi perforación en la nariz hasta una caja de vino Moscatel que extrajo de la parte superior del local, ya empezada y que terminó de beber frente a nosotros. De igual manera, al enseñarnos sus implementos de trabajo (con bastante orgullo), vimos cómo almacenaba las tintas en frasquitos plásticos con tinta seca regada por fuera de los mismos y de la cajita donde se encontraban guardados. Por otra parte, Chucho hizo muestra de dos tatuajes nuevos que César le había hecho sin costo alguno, por algún negocio entre ambos, que lucían descuidados (ya que tenían costras fragmentadas y Chucho confesó haber tomado y fumado durante el periodo de sanación) y poco acordes a la supuesta experiencia de este último; a pesar del dolor que le causaba esta mala sanación, Chucho se defendía bajo el argumento de que “el dolor está en la mente”.

Finalmente, habiendo ya ojeado varias revistas, preguntamos por trabajos suyos a César para conocer algo de lo que tanto nos había comentado acerca de su excelente trabajo con sombras (que eran su especialidad). La respuesta que obtuvimos fue que no tenía nada para enseñar físicamente por los altos costos de las impresiones a color que implicaba esta evidencia física, permitiéndonos concluir que, en el caso de este local, podría trabajarse mucho desde la parte de imagen y la higiene que reflejan no sólo el local, sino los trabajadores dentro de él.

Entrevista: Camilo Márquez

Nombre Completo: Camilo Márquez Villegas
Edad: 18 años

Lugar de Nacimiento: Bogotá

Ocupación: Estudiante Colegio Studium

Tiempo de Experiencia: 2-3 años


Camilo Márquez es un estudiante de 18 años del Colegio Studium en Bogotá. Fue punk durante varios años y hasta hace algunos meses, cuando decidió alejarse de este estilo de vida debido a que “el ambiente se estaba empezando a poner muy pesado”, en el sentido en que no comparte las ideas de violencia y racismo que se vive entre varias tribus urbanas de la ciudad. Sin embargo, las amistades y demás relaciones que hizo durante este tiempo le permitió conseguir bastantes de sus clientes, que van desde sus amigos punk hasta Rudeboys, Skinheads, Metaleros y gomelos. Vive con su familia en una casa del barrio Cedritos, donde tatúa desde hace más de dos años; ha transformado su cuarto en su estudio, dándole el nombre de Torture Tatoo Shop, debido a los diferentes dolores que se experimenta mientras se es tatuado, como el ardor, el dolor de una quemadura y el de una cortada. Camilo sabe que podría trabajar en un shop con otros tatuadores, pero no le agrada la idea de ser el todero que sólo observa, limpia y lava durante casi un año antes de empezar a tatuar clientes, y es por esto que afirma estar más en contacto con el tatuaje como arte que con otros tatuadores, aunque conozca a algunos. De igual manera, no comparte la idea de tener que cobrar lo que cobran en varios estudios por tatuajes insignificantes (que no valen lo que la gente paga por ellos): confiesa que un gran porcentaje de lo que se cobra por un tatuaje corresponde al trabajo del artista y no a los insumos para el mismo.
Añadir imagen Camilo comenzó a tatuar a los 16 años como respuesta al gusto que sentía por el arte, el dibujo y la caricatura. Comenzó con un manual que explicaba cómo hacer una maquina para tatuar casera, compuesta por un motor de juguete, un tubo de tinta de bolígrafo BIC y una aguja para tatuar. Posteriormente le compró una máquina vieja a un amigo suyo en 70 mil pesos y con ella comenzó a tatuar a sus amigos, a quienes decía que ya contaba con bastante experiencia para que le dejaran tatuarlos. Aun así comenzó a practicar de otras maneras. Una de ellas consiste en tatuar piel de cerdo (que se usa para hacer chicharrón) fresca (que se asemeja bastante a tatuar sobre piel humana) usando tinta china, pura para los contornos y diluida para las sombras, ya que las tintas profesionales son mucho más costosas; o sino, está siempre la posibilidad de tatuarse a sí mismo, lo cual Camilo ha hecho en un par de ocasiones y cree no debería hacerse en la medida en que “siempre quedará mejor si te lo hace alguien más, ya que es difícil concentrarse en que quede bien hecho mientras se siente el dolor de la aguja”. Para trabajos sobre clientes, por otro lado, usa tintas profesionales, agujas y boquillas plásticas esterilizadas (ya que no cuenta con un equipo para esterilizar las partes de sus máquinas) que adquiere de distribuidores especializados en el tema, como los estudios Viuda Negra y Big Brother. Para diluir las tintas, usa agua destilada o agua de rosas que adquiere en droguerías; para pasar los diseños a las plantillas usa papel hectográfico que utiliza cuantas veces le es posible (una misma hoja) debido su alto precio y, para que estos queden impresos en la piel, usa jabón quirúrgico (que también usa en la limpieza de las zonas que tatúa) o desodorante con alto contenido de alcohol. Como no cuenta con una silla o una camilla especial para tatuar, lo hace con una silla de su casa que forra en Vinipel, con el fin de aislar completamente cualquier agente infeccioso que pueda encontrarse en la superficie del mobiliario. A pesar de todos estos cuidados, me atrevería a decir que es posible que la imagen de un cuarto oscuro y desordenado no inspire mucha confianza a varios posibles clientes.


En cuanto a su visión, piensa que la magia del tatuaje radica en la permanencia de la obra sobre un lienzo vivo, a diferencia del arte clásico (pintura sobre lienzo colgado en las paredes de un museo), así como en la convicción que trae consigo la decisión de tatuarse, ya que es un cambio que estará de por vida en el cuerpo. Aun así, muchos de sus clientes se tatúan sin razón alguna, “porque sí”, “porque les pareció chévere un tatuaje que vieron en…”, con lo cual Camilo está en desacuerdo, ya que parecen tomárselo muy a la ligera, luego hay mayores posibilidades de arrepentimiento (remontándose a experiencias donde sus clientes desean tatuarse cosas ya existentes y que podrían no tener sentido en algunos años, como “la estrella de Metallica”, “la bruja de Mago de Oz”, entre otras). La mayoría de sus clientes acude a él por recomendación de otros para realizarse su primer tatuaje. Cuenta también que muchos de ellos son menores de edad que no pueden o no desean tatuarse en estudios ya que requieren del permiso y compañía de sus padres para hacerlo o no están dispuestos a pagar lo que estos lugares cobran por sus trabajos respectivamente. En lo que respecta a sus diseños, siente preferencia por dibujos caricaturescos que no mucha gente desea tatuarse por el hecho se no sentirse identificados con ellos en un par de años. Por esta razón, y por el hecho de que varios de sus clientes pertenecen a diversas tribus urbanas, Camilo tatúa diseños un poco tradicionales, que van desde letras chinas y tribales hasta cascos troyanos para Rudeboys, telarañas y botas Martins para Skinheads, calaveras, punks con crestas y símbolos de Anarquía para Punks, pentagramas para metaleros y “cualquier cosa que se vea bien cuando esté en vestido de baño”, como peces Koi, para gomelos. En lo que respecta al dolor, Camilo afirma estar de acuerdo con varios de sus clientes en lo que respecta a los tatuajes sobre piel cercana al hueso: es tan doloroso que a veces es preferible modificar el diseño de forma que no pase por lugares como estos. Asimismo, cree que el dolor es una de las características que hace al tatuaje tan valioso en la medida en que no basta con pagar por el trabajo, sino que es necesario soportar el dolor durante su realización. Esto podría resultar contradictorio si se piensa que todo aquel que decide hacerse un tatuaje paga por tener un tatuaje completo; sin embargo, Camilo ha tenido clientes que han decidido pagarle por un tatuaje incompleto a causa de la imposibilidad de soportar el dolor, y son decisiones que no comparte, ya que “finalmente, es por un momento no más que hay que aguantárselo; ya después no duele”.

Otros tipos de dolor, por ejemplo, se evidencian durante el proceso en el tatuador. Por una parte, cuenta Camilo, está el dolor en la mano y en la muñeca que produce el agarre de la máquina, su peso y su vibración constante después del tercer o cuarto tatuaje consecutivo. Por otro lado, está el calentamiento de las bobinas de las máquinas que impide el contacto con el metal que las separa de la mano; aunque este contacto no produce quemaduras graves, resulta incómodo para el tatuador que se ve obligado a tomar las máquinas en posiciones difíciles (desde mi punto de vista cuando traté de tomarlas correctamente).